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Educación para la Transformación Social

Artículo escrito por Leire Jauregi, estudiante del XX. Seminario de Desarrollo, Cooperación y Tecnologías para el Desarrollo Humano

A veces resulta difícil cuestionar este sistema en el que vivimos y tan asimilado tenemos, esta vez toca analizar más concretamente el ámbito de la educación con la ponente Amaia del Rio, equipo de educación de Hegoa.

Desde el momento en el que nos escolarizamos ya emprendemos nuestra etapa de aprendizaje académico que estará marcado por unas pautas muy concretas: estudia mucho y obtendrás buenos resultados para poder tener un buen trabajo, a poder ser de algo que te guste, con un alto cargo y ganarás mucho dinero, y así tu vida será más completa y feliz. Y si no vales para esto… buena suerte.

Este modelo de aprendizaje que se utiliza tanto en las escuelas como en las universidades, contribuye a la modernidad capitalista que tiene como características el progreso y el individualismo, que no hace más que aumentar las desigualdades en todo el mundo.

El progreso va muy ligado al desarrollo y, ¿qué es el desarrollo? La necesidad de crecer o expandirse, lo que a pesar de que conlleve un incremento del capital también traiga consigo otras muy malas consecuencias, como la desigualdad entre las personas o el gran impacto medioambiental.

También hacemos hincapié en las diversas crisis actuales. La crisis social, poniendo de principales protagonistas a las mujeres y la lucha feminista, la crisis climática, la crisis económica, la crisis política en la que describimos el sistema en el que vivimos como “una democracia de baja intensidad”, la crisis cultural que está muy ligada a la sociedad de consumo a la que estamos acostumbrados en la que consumir te da la felicidad, y por último la crisis del conocimiento científico, en la que se plantea la duda de si la ciencia es también una cuestión de política y el gran papel que desempeña la ciencia de occidente frente al resto de países.

Y si cuestionar todo esto es difícil mucho más será cambiarlo. Lo que está claro es que no podrá ser un proceso a corto plazo y que la receta no será fácil de encontrar, costará arduo trabajo a base de ensayos que hagan frente a lo dominante. Y a su vez es importante ir adquiriendo conocimientos y no solo del nuestro (occidente), si no también beber de las fuentes de sabiduría de otros países y culturas.

Estirar la memoria para contactar con las raíces de nuestro racismo

En la invitación a la última sesión de la Escuela de Activistas decíamos que el lenguaje construye realidad, que a través de él “se normaliza, se invisibiliza, se transmite ideología…”. Pero no nos olvidemos de que la relación es bidireccional: la realidad también construye lenguaje. Desde ese enfoque iniciamos el taller ”Por un lenguaje (feminista) no racista”. ¿Cuáles son entonces las realidades que explican nuestro racismo? ¿De dónde viene y cómo ha sido capaz de impregnar nuestra forma de comunicarnos? ¿En qué momentos de nuestra historia colectiva hunden sus raíces las estructuras que explican el racismo presente en nuestro imaginario? Volteemos nuestra mirada hacia el pasado… 

En una conexión directa con nuestra infancia, Gladys Giraldo, facilitadora del taller, nos pide que cantemos la canción del Cola-Cao. La gente que hemos crecido por las latitudes del Norte Global nos la sabemos perfecta, ante el asombro de las personas latinoamericanas que conforman el grupo. El legado del colonialismo está aquí, está en nuestros recuerdos, en el presente y se hace materia. Antes de iniciar el viaje para deconstruir el racismo que habita en nosotras, es importante establecer las conexiones de la historia con lo que ahora somos y tenemos. Por eso, vamos a seguir estirando nuestra memoria.

En nuestras calles hay señales por todas partes. En Gasteiz, el Palacio Zulueta es reflejo del patrimonio que acumuló Julián de Zulueta “el último negrero de Cuba”, uno de los mayores traficantes de personas de nuestra historia reciente. Con altos cargos tanto en instituciones cubanas como españolas, Zulueta llegó a tener un “censo” de esclavos que superaba la cifra de 2000 personas. ¿Cuántas de nosotras se han detenido a admirar la belleza aquitectónica del edificio? ¿Cuántas hemos indagado sobre el origen de ese patrimonio? El colonialismo no es ajeno a nosotras, nos explica y nos interpela a mirar de frente unos privilegios que no soltamos como sociedad. De nuevo, la invitación es estirar la memoria para encontrarnos de frente cómo lenguaje, comunicación y memoria hunden sus raíces en un racismo que si quiera comenzamos a atisbar. 

Por un lenguaje (feminista) no racista

El lenguaje no es sólo un vehículo por el que se nombra la realidad: el lenguaje construye realidad. A través del lenguaje se normaliza, se invisibiliza, se transmite ideología, se refuerzan estereotipos, se silencian realidades y se perpetúan desigualdades. De ahí la importancia de ser conscientes del lenguaje que utilizamos y desaprender hacia nuevas formas de comunicarnos que dejen atrás nuestras estructuras de pensamiento patriarcales y coloniales. La tarea no es fácil: ojalá consistiera en sustituir palabras excluyentes por otras más inclusivas. Embarcarnos en esta reflexión implica revisar de forma profunda nuestra forma de mirar al mundo y a nosotras mismas. 

Para abordar todos estos retos contaremos con la participación de Gladys Giraldo Velásquez, activista feminista e integrante de la Asamblea de Mujeres de Álava y de la Asociación recientemente creada Sorginenea de Vitoria-Gasteiz. Si te interesa reflexionar en colectivo sobre las lógicas racistas y coloniales que operan detrás de nuestra forma de comunicarnos, te invitamos a la sesión del próximo jueves 26 de septiembre. Si te interesa participar, envíanos un correo electrónico a hezkuntza(arroba)euskadi.isf.es indicando en el asunto ESCUELA DE ACTIVISTAS y señalando la motivación de participar. Para poder asistir, no es necesario haber acudido a sesiones anteriores de la Escuela de Activistas. ¡Te esperamos!

Fecha: 26 de septiembre de 2019, jueves

Hora: 17:00-19:00

Lugar: Escuela de Ingeniería de Bilbao, aula P1G1

Una mirada feminista a la accesibilidad al agua en contextos rurales de El Salvador

Compartimos el siguiente artículo de nuestra compañera Eva Pérez-Pons

Mujeres y agua son dos conceptos que van de la mano; hoy en día todavía son las mujeres quienes se ocupan principalmente del trabajo reproductivo a nivel mundial. Sin embargo, la accesibilidad que tenemos para obtener el agua no es la misma si reparamos al Norte y al Sur Globales. De la misma manera, dicha accesibilidad no es la misma en las zonas rurales o en las urbanas.

Este verano, hemos tenido la oportunidad de asistir a varias charlas y talleres sobre agua y la brecha de género, en las cuales además de reflexionar sobre la situación de las mujeres de las zonas rurales en El Salvador, hemos tenido la oportunidad de (re)pensar estrategias para hacer frente a esas situaciones. Uno de esos talleres lo ofreció la economista feminista Julia Evelyn en la comunidad salvadoreña de Santa Marta. En esa charla, para hacer un análisis del contexto social, nos centramos en la parte de abajo (la que no se ve) del iceberg: en el trabajo de los cuidados. Ya que, sin examinar eso, cualquier análisis queda incompleto. Los trabajos de cuidado están presentes en todas las etapas vitales (desde que nacemos hasta que morimos). La economía feminista reivindica vivir todas esas etapas de una manera digna. Esto es, que las necesidades fisiológicas (respirar, alimentarse de una manera apropiada, beber agua de calidad, tener una sexualidad segura…) y las de seguridad (un hábitat seguro, afectividad, socialización y educación, confianza…) estén aseguradas.

Como hemos mencionado anteriormente, las necesidades fisiológicas y de seguridad necesitan del trabajo de los cuidados. Cuidados como el autocuidado, el cuidado a personas dependientes y cuidado colectivo. Sin olvidar el cuidado a quien cuida. Para que esos cuidados se lleven a cabo de una manera adecuada, Evelyn expone que tienen que garantizarse tres condiciones: la continuidad de los ciclos naturales (ciclo del agua, oxígeno, plantas…), los recursos (tiempo, conocimiento – cómo cuidar a personas que requieren de cuidados especiales- , y la infraestructura – luz, agua…) y la ética de los cuidados (una conciencia individual y colectiva de los cuidados). Sin ellas, esto es, si el espacio donde se lleva a cabo la vida se debilita, la sostenibilidad de la vida entra en crisis.

En este artículo vamos a poner la mirada en el acceso al agua, para ver de qué manera ésta repercute en las mujeres de zona rural del Sur Global. Si examinamos el acceso al agua de El Salvador de 2017, se puede observar que hay grandes diferencias entre el ámbito rural y el urbano. El total de habitantes que tenían acceso a agua por tubería era el 88,3 %. De los cuales el 95,5 % vivía en zona urbana y 6,5 % en zona rural. En cambio, la población que se abastece por pozo fue de un 6,5 %, el 11,7 % de ellas pertenecían al ámbito rural y el 2,9 % al urbano. De todas formas, eso no garantiza la calidad del agua potable. Debido a la mala gestión y las leyes que tiene el estado salvadoreño sobre el agua, el bien queda en manos de empresas privadas y no se trata. Hoy en día, el 90 % del agua está contaminada, y a lo que se refiere al tratamiento, en 2017 sólo el 12,8 % de la población la trataba de alguna manera (cocer el agua, pasarla por un filtro, clorarla…), de ese porcentaje, el 11,3 % vivía en zona urbana y el 15,5 % en zona rural. El 70,3 % de la población no le hacía ningún tipo de tratamiento (64,7 % es de zona rural y 88,4 % de zona urbana), y el 16,9 % de la población compraba agua embotellada, de las cuales el 4,1 % era de zona rural y el 24 % de zona urbana (DYGESTIC, 2017). A esos problemas hay que sumarle el estrés climático que han provocado la deforestación y el cambio climático.

La falta de agua tiene consecuencias directas en el día a día y en las vidas de las mujeres, pues son éstas quienes se encargan de los trabajos reproductivos, y en consecuencia, quienes se encargan de acarrear el agua. Porque el agua es necesaria para todo: para hacer la colada, lavar los platos, preparar la comida, limpiar la casa y asearse, beber… Si no hay una infraestructura que asegure el acceso al agua, son las mujeres y las niñas quienes se encargan de traer el agua del río o del pozo, eso o llevar los trabajos domésticos a las fuentes naturales. Todo eso tiene consecuencias en la salud, educación, y en la participación en espacios colectivos de las mujeres, así como en su seguridad. Al mismo tiempo, como son ellas quienes sufren las consecuencias de la falta de agua, cuando la privatización del agua amenaza, son ellas quienes lideran las luchas.

Para hacer frente a esa situación, se ha empezado a instalar sistemas de bombeo aislado por energía solar en las comunidades. Es curioso ver cómo los hombres empiezan a involucrarse en la obtención del agua cuando se pone una infraestructura, pero cuando las fórmulas de obtenerla son precarias todo el peso recae en las mujeres.

Por otra parte, los sistemas aislados necesitan de una buena gestión después de haber sido instaladas para que puedan sobrevivir; esto es, la comunidad tiene que ser capaz de hacer frente a los problemas que pueda traer el sistema. Es por eso que es importante implicar a la población en el proceso, y que entienda el funcionamiento entero del sistema. Estos sistemas están hechos para mejorar la vida de la gente, para hacer frente a las necesidades del hogar. Si el agua se utiliza para alimentar animales, regar campos, limpiar vehículos…. Los sistemas no pueden abastecer a toda la comunidad porque el agua es un recurso limitado, y el sistema también. Para esas actividades hay que poner en marcha alternativas como recoger el agua de lluvia o reciclar la que se ha usado.

Al comienzo de este texto, se ha mencionado que una de las reivindicaciones de la economía feminista es vivir todas las etapas de la vida con dignidad. Los sistemas aislados facilitan las condiciones que se necesitan para que se cubran las necesidades fisiológicas y de seguridad, pero con la simple instalación del sistema no es suficiente. Las mujeres son conscientes del esfuerzo que hacen diariamente, y las consecuencias que conlleva sobre ellas. Para hacer frente a la situación, es necesario implicar a los hombres en procesos de concienciación y en tareas de cuidados, ya que, de lo contrario, la carga de trabajo de las mujeres se puede duplicar, y en el peor de los casos hasta triplicar.

La interseccionalidad como herramienta en la participación social

Si queremos analizar cómo suceden los procesos de participación ciudadana, será parada obligada revisar las prácticas y normas que operan tras ellos. Fijarse en las fuentes de exclusión, estudiar cómo interaccionan e identificar privilegios para así atender a las realidades ausentes. En este sentido, el marco de análisis que nos ofrece la interseccionalidad nos permite visibilizar los distintos ejes de opresión/privilegio que nos atraviesan y la forma en la que éstos se cruzan. Nos proponemos señalar la diversidad que está penalizada, desacreditada. Por todo ello, dedicaremos la próxima sesión de la Escuela de Activistas a profundizar sobre el enfoque interseccional y su potencial para una praxis crítica.

De la mano de Jone Martínez-Palacios, feminista e investigadora de Parte Hartuz, revisaremos cómo opera la dimensión in-corporada cuando hablamos de interseccionalidad.  ¿Qué nos dice el cuerpo? ¿Cómo nos movemos con las similares? ¿Cómo con la alteridad? Si te interesa reflexionar en colectivo sobre las lógicas que operan detrás de nuestras prácticas sociales cotidianas, te invitamos a la sesión del próximo jueves 27 de junio. Si te interesa participar, envíanos un correo electrónico a hezkuntza(arroba)euskadi.isf.es indicando en el asunto ESCUELA DE ACTIVISTAS y señalando la motivación de participar. Para poder asistir, no es necesario haber acudido a sesiones anteriores de la Escuela de Activistas. ¡Te esperamos!

Fecha: 27 de junio de 2019, jueves

Hora: 17:00-19:00

Lugar: Escuela de Ingeniería de Bilbao, aula P1G1

Transitando los caminos de la educación emancipadora

En la pasada Escuela de Activistas nos propusimos reflexionar sobre Educación emancipadora en clave feminista. De la mano de Gema Celorio, Técnica de Educación de Hegoa, fuimos descubriendo algunas claves necesarias para entender todo su potencial. El primer paso se centra en poner el foco en la persona, parada necesaria de todo proceso de educación que quiera ser emancipador. Reconocernos como sujetas activas de nuestros procesos de aprendizaje, indagar sobre cómo construirnos como sujetas críticas que generen movilización social. Sólo desde ahí podremos dibujar horizontes para la transformación.

Esta propuesta implica que, necesariamente, tenemos enfrente el reto de desmantelar los elementos que construyen el pensamiento hegemónico. En un contexto neoliberal que mina el poder de personas y pueblos, no nos queda más alternativa que reapropiarnos de lo que nos fue arrebatado. Movernos de lugar para conseguir enfoques que apuesten por la sostenibilidad de la vida. ¿Por qué asumir que la crisis financiera sea el centro de todo? ¿Por qué no cambiamos el foco para que la crisis de cuidados pueda ser considerada un eje central?

En este caminar aparece una nueva etapa: el contacto con las epistemologías otras, con los feminismos otros. Toda una oportunidad para develar realidades diversas, para ampliar la multiplicidad de opresiones que nos atraviesan. Este encuentro nos sitúa enfrente qué es lo que necesitamos desaprender para generar proyectos que sean emancipadores. Es importante poner sobre la mesa nuestros propios sesgos e intereses, recoger la invitación de Donna Haraway por visibilizar que todas partimos de un conocimiento situado, para confrontar que no existe una única interpretación de la realidad.

Y así, seguir caminando, descubriendo las brechas en las que se puede incidir. En transición estaremos toda la vida. Pero al mencionarla, nos queremos apropiar del proceso de cambio en el que estamos inmersas.