Dichosa conciencia

Artículo de opinión de Alba Barrioseta Zapirain*

¿Es la ignorancia un recurso hábil hoy en día? Por una parte se podría decir que sí. Pero incluso siendo unos tontitos y tontitas ignorantes no somos felices. Esto puede deberse a que la “no conciencia” produce la misma infelicidad, quizá menos percibida como tal, que la “si conciencia”. Cuando escucho frases como mejor no saber, me pregunto si esa es la solución. Cuando la catástrofe que estamos viviendo se hace visible en todo su esplendor, la mayoría de las personas se limitan a llevarse las manos a la cabeza, sin ni siquiera darse la oportunidad de reflexionar acerca de lo que esta viendo. ¿Por qué? porque lo que están viendo (creen que) no les afecta de manera directa. De alguna manera la posición ignorante pasiva adoptada por muchos y muchas de nosotros y nosotras, es útil. Pero útil para quién? desde luego, no para nosotros ni nosotras.

Una de las preguntas que pocos y pocas se hacen, y que sin embargo, podría abrir camino a una reflexión que abra muchas otras puertas reflexivas, es ¿de donde viene lo que compramos y a donde va cuando nos deshacemos de ello? cuando digo que esta puede ser una pregunta clave, me refiero a que viviendo hoy en un mundo en el que la tecnología material supera cualquier otra cosa, transmitir una pregunta de este tipo a los miles de usuarios y usuarias que hacen uso de ella, entre los cuales tengo que incluirme casi inevitablemente, podría hacerse notar, mucho más que otro tipo de preguntas más generales que pasan de largo como nubes pasan en el cielo. Con esto no quiero decir que haya preguntas más o menos importantes que otras, sino que pueden haber vías más eficaces que otras a la hora de crear crítica en las personas.

La obsolescencia programada por ejemplo, es una de las mejores trampas de nuestro sistema capitalista y muy perspicaz en su afán por diseñar cosas inútiles y de temprana fecha de caducidad. El ser humano diseña al mismo tiempo que desecha. Esas incesantes actualizaciones que nos piden nuestros teléfonos móviles con pantallas cada vez más grandes, la ropa, el tdt, los Mac, lentes varilux… así innumerables ejemplos que nos obligan a cambiar constantemente y que reflejan lo atados que estamos a ese gran invento llamado “moda” que supuestamente actúa en nombre de “lo mejor”. El uso de zapatillas deportivas por ejemplo, tan de moda ahora. Resulta que las zapatillas deportivas son cómodas para nuestro día a día. ¿Pero acaso no lo han sido siempre?

Los medios de comunicación, tienen mucha culpa de todo esto, en tanto que son fieles seguidores de la cultura transnacional y la pretendida globalización. Es una pena que no sirvan para informar, su propósito de origen. Sus líneas ideológicas tremendamente marcadas y que nos taladran la cabeza con un discurso monopolizado, atienden a un claro objetivo: a la manipulación de identidades, conciencias, ideales, valores, creencias, patrones a seguir y al lucro económico. Un gran papel el de estos.

Más allá de este tipo de mecanismos de control, la falta de empatía campa a sus anchas. Creo que es la palabra a través de la cual podrían entenderse muchas cosas que alimentan la frustración de muchos o muchas. Cabría reflexionar acerca de la similitud entre la ausencia de empatía y la “mala empatía”, aquella empatía “made in occidente”. Me atrevería a decir que esta última es incluso peor que la primera. Una empatía, aun siendo empatía, creada y manipulada desde la hegemonía de occidente, se convierte en un discurso más, uno canalla y además peligroso. Me chirría todo el cuerpo cuando se juzga “lo nuestro” mejor que “lo del otro”.  Una dicotomía tan clásica como la autoproclamación de occidente como modelo a seguir para el resto del mundo. Pensar en el otro, y cuando digo otro digo “el que no es occidental”, desde un punto de vista en el cual como buen occidental te crees con derecho a creer que lo tuyo es moralmente mejor a nivel no sólo material, sino simbólico, sustituye la palabra empatía por colonialismo. Así dicho puede parecer una idea un tanto lunática, pero creo que ese tipo de empatía no dista mucho del pensamiento que dirigió las mentes de aquellos “conquistadores”, más bien exterminadores, en la “conquista” de América.

Quizá desde la antropología se enfatice más con esta idea de ponerse en el lugar de los y las que no comparten nuestras cosmovisiones occidentales, sin etiquetarlas de ante mano como credenciales a cambiar (relativismo cultural). Tenemos mucho que aprender de unos y de otras. Debería de convertirse en una retroalimentación más que en una imposición, incluso cuando se trate de ayudar.

Una de las cosas que nuestro sistema hace con gran talento, es desviar nuestra atención hacia donde él quiere. Personalmente, no pierdo ni un segundo de mi vida en la política. Pienso que la política no es más que un títere en este teatro de títeres llamado capitalismo. Sabemos que los títeres se mueven gracias a unas manos que los manejan y que no se ven, y sin embargo actuamos como si no lo supiésemos. Multinacionales y lobbies son el verdadero problema, un problema que desgraciadamente se manifiesta menos acuciante que la corrupción política.

Cuando se decide tomar el camino de la concienciación, no hay vuelta atrás. Aún cuando ves cosas que te esperas ver, siempre hay algo peor. Abruma si. Ya no sabes con que vestirte, que comer, que decir, que pensar, con que ayudar, que cambiar… cuando te haces consciente de todo lo hay detrás de la ropa con la que te vistes normalmente, de la comida que ingieres, del discurso que te has creído… todo da un giro de 360 grados y a pesar de que en un principio abrume, no debería de ser más que el impulso a reiniciar

¿Es la ignorancia un recurso hábil hoy en día? Por una parte se podría decir que sí. Pero incluso siendo unos tontitos y tontitas ignorantes no somos felices. Esto puede deberse a que la “no conciencia” produce la misma infelicidad, quizá menos percibida como tal,  que la “si conciencia”. Cuando escucho frases como mejor no saber, me pregunto si esa es la solución. Cuando la catástrofe que estamos viviendo se hace visible en todo su esplendor, la mayoría de las personas se limitan a llevarse las manos a la cabeza, sin ni siquiera darse la oportunidad de reflexionar acerca de lo que esta viendo. ¿Por qué? porque lo que están viendo (creen que) no les afecta de manera directa. De alguna manera la posición ignorante pasiva adoptada por muchos y muchas de nosotros y nosotras, es útil. Pero útil para quién? desde luego, no para nosotros ni nosotras.

Una de las preguntas que pocos y pocas se hacen, y que sin embargo, podría abrir camino a una reflexión que abra muchas otras puertas reflexivas, es ¿de donde viene lo que compramos y a donde va cuando nos deshacemos de ello? cuando digo que esta puede ser una pregunta clave, me refiero a que viviendo hoy en un mundo en el que la tecnología material supera cualquier otra cosa, transmitir una pregunta de este tipo a los miles de usuarios y usuarias que hacen uso de ella, entre los cuales tengo que incluirme casi inevitablemente, podría hacerse notar, mucho más que otro tipo de preguntas más generales que pasan de largo como nubes pasan en el cielo.  Con esto no quiero decir que haya preguntas más o menos importantes que otras, sino que pueden haber vías más eficaces que otras a la hora de crear crítica en las personas.

La obsolescencia programada por ejemplo, es una de las mejores trampas de nuestro sistema capitalista y muy perspicaz en su afán por diseñar cosas inútiles y de temprana fecha de caducidad. El ser humano diseña al mismo tiempo que desecha. Esas incesantes actualizaciones que nos piden nuestros teléfonos móviles con pantallas cada vez más grandes, la ropa, el tdt, los Mac, lentes varilux… así innumerables ejemplos que nos obligan a cambiar constantemente y que reflejan lo atados que estamos a ese gran invento llamado “moda” que supuestamente actúa en nombre de “lo mejor”. El uso de zapatillas deportivas por ejemplo, tan de moda ahora.  Resulta que las zapatillas deportivas son cómodas para nuestro día a día. ¿Pero acaso no lo han sido siempre?

Los medios de comunicación, tienen mucha culpa de todo esto, en tanto que son fieles seguidores de la cultura transnacional y la pretendida globalización. Es una pena que no sirvan para informar, su propósito de origen. Sus líneas ideológicas tremendamente marcadas y que nos taladran la cabeza con un discurso monopolizado, atienden a un claro objetivo: a la manipulación de identidades, conciencias, ideales, valores, creencias, patrones a seguir y al lucro económico. Un gran papel el de estos.

Más allá de este tipo de mecanismos de control, la falta de empatía campa a sus anchas. Creo que es la palabra a través de la cual podrían entenderse muchas cosas que alimentan la frustración de muchos o muchas. Cabría reflexionar acerca de la similitud entre la ausencia de empatía y la “mala empatía”, aquella empatía “made in occidente”. Me atrevería a decir que esta última es incluso peor que la primera.  Una empatía, aun siendo empatía, creada y manipulada desde la hegemonía de occidente, se convierte en un discurso más, uno canalla y además peligroso. Me chirria todo el cuerpo cuando se juzga <<lo nuestro>> mejor que <<lo del otro>>. Una dicotomía tan clásica como la autoproclamación de occidente como modelo a seguir para el resto del mundo.  Pensar en el otro, y cuando digo otro digo “el que no es occidental”, desde un punto de vista en el cual como buen occidental te crees con derecho a creer que lo tuyo es moralmente mejor a nivel no sólo material, sino simbólico, sustituye la palabra empatía por colonialismo. Así dicho puede parecer una idea un tanto lunática, pero creo que ese tipo de empatía no dista mucho del pensamiento que dirigió las mentes de aquellos “conquistadores”, más bien exterminadores, en la “conquista” de América.

Quizá desde la antropología se enfatice más con esta idea de ponerse en el lugar de los y las que no comparten nuestras cosmovisiones occidentales, sin etiquetarlas de ante mano como credenciales a cambiar (relativismo cultural). Tenemos mucho que aprender de unos y de otras. Debería de convertirse en una retroalimentación más que en una imposición, incluso cuando se trate de ayudar.

Una de las cosas que nuestro sistema hace con gran talento, es desviar nuestra atención hacia donde él quiere. Personalmente, no pierdo ni un segundo de mi vida en la política. Pienso que la política no es más que un títere en este teatro de títeres llamado capitalismo. Sabemos que los títeres se mueven gracias a unas manos que los manejan y que no se ven, y sin embargo actuamos como si no lo supiésemos. Multinacionales y lobbies son el verdadero problema, un problema que desgraciadamente se manifiesta menos acuciante que la corrupción política.

Cuando se decide tomar el camino de la concienciación, no hay vuelta atrás. Aún cuando ves cosas que te esperas ver, siempre hay algo peor. Abruma si. Ya no sabes con que vestirte, que comer, que decir, que pensar, con que ayudar, que cambiar… cuando te haces consciente de todo lo hay detrás de la ropa con la que te vistes normalmente, de la comida que ingieres, del discurso que te has creído… todo da un giro de 360 grados y a pesar de que en un principio abrume, no debería de ser más que el impulso a reiniciar nuestro día a día.

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota” (de Calcuta, M. Teresa).

Los pequeños cambios siguen siendo cambios.

*Este trabajo se engloba dentro del VII curso de introducción a la cooperación que se celebró en Donostia. Al finalizar el curso el alumnado tiene la posibilidad de realizar un trabajo que ahora compartimos. ISF-MGI no tiene por qué compartir las opiniones expresadas en estos trabajos.

Foto de Cserlajos (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html), CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/) or CC BY-SA 2.5-2.0-1.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5-2.0-1.0)], via Wikimedia Commons