Tecnologías y prácticas sostenibles aplicables al caserío vasco

Reflexión de Garbiñe Sancho Bombín, Especialista en Medio Ambiente y Sostenibilidad*

El caserío está considerado uno de los símbolos más importantes de la cultura y el patrimonio arquitectónico vasco. Tradicionalmente ha sido una construcción sostenible, respetuosa con su entorno y gracias a la cual sus habitantes obtenían todo lo necesario para su supervivencia. En cambio, la sociedad y el estilo de vida de la población ha cambiado y los sistemas tradicionales del caserío dejaron de satisfacer las necesidades de sus habitantes.
Después de investigar y analizar las diferentes tecnologías y prácticas sostenibles aplicables al caserío vasco, buscando desde técnicas y tecnologías modernas hasta prácticas tradicionales de diversas regiones del mundo puedo decir que si bien no es fácil optar por alternativas más “verdes” y que respeten el planeta, es posible hacerlo.
Tristemente, en este país se subvencionan y se fomentan más las actividades que dañan al medio ambiente que las que buscan protegerlo y por ello, a la hora de buscar alternativas menos dañinas en la mayoría de los casos nos encontraremos el obstáculo económico. Sin embargo, también es verdad que se están realizando muchos esfuerzos para buscar nuevas alternativas y opciones más baratas y accesibles para todos y gracias a internet y a las redes sociales éstas son mucho más visibles y fáciles de encontrar.
En cuanto a los diferentes sistemas de un caserío que se analizaron, el tema de la alimentación es sin duda el que mayor camino recorrido tiene. Existen numerosas organizaciones que luchan por productos locales, ecológicos y de calidad y por la soberanía alimentaria por lo que está disponible una gran cantidad de información y lugares en los que recibir ayuda o asesoramiento. Y es que, frente a los modelos de comercio que buscan enriquecer a las grandes empresas a costa de los agricultores y juegan con los precios de mercado transportando mercancías de un lugar a otro del planeta sin tener en cuenta sus propiedades alimentarias, se impone la lógica de consumir productos autóctonos, de temporada y de producción local.
Esto favorecería también la igualdad entre hombres y mujeres agricultoras, inexistente hoy en día debido a las políticas agrarias que están impulsando decididamente un sector agrícola orientado al mercado, en el que las pequeñas explotaciones agrarias tienen pocas posibilidades, y son precisamente éstas donde las mujeres están más representadas. Dejan así de lado todos aquellos factores y sistemas que operan fuera de la esfera mercantil, ya sean estos sociológicos o ecológicos. En el ámbito rural este hecho tiene especial incidencia en la invisibilización del trabajo de las mujeres, en el agotamiento de los ecosistemas y en la desvalorización de la producción de alimentos como derecho y no como mercancía (Isabel de Gonzalo Aranoa, Leticia Urretabizkaia Gil; 2012: Las mujeres baserritarras: análisis y perspectivas de futuro desde la Soberanía Alimentaria)


Teniendo en cuenta los demás sistemas analizados: la construcción, el agua, la energía y los residuos; muchas técnicas tradicionales llevadas a cabo antiguamente en los caseríos siguen siendo apropiadas y aplicables, aunque en muchas ocasiones son necesarias actualizaciones para lograr un mayor confort. Muchas veces abogamos por las soluciones más novedosas y tecnológicas pensando que serán las más efectivas sin pensar que las prácticas que se han estado llevando a cabo por cientos o incluso miles de años puedan ser las más eficaces. Es lo que podríamos denominar sabiduría popular, que difiere al conocimiento que se adquiere en las instituciones socialmente acordadas para la formación de los estudiantes en que la sabiduría implica una experiencia de vida. Pasar del simple conocimiento a la experiencia.
También he observado que en un mundo cada vez más especializado, laboralmente y académicamente hablando, hemos dejado de lado el aprendizaje básico necesario para nuestra supervivencia. Mientras que antes el legado de una generación a otra se basaba en conocer los métodos de cultivo, diferenciar especies comestibles, aprender a cazar, hacer fuego, construir el hogar, etc; hoy en día las personas que nacemos en un entorno urbano difícilmente adquirimos cualquiera de esas habilidades, con lo que dependemos irremediablemente de un sistema social, de un gobierno y de sus normas para poder sobrevivir. Con esto quiero decir que por nuestro propio bien deberíamos conocer más los recursos que nos da la naturaleza y cómo aprovecharlos, ya que el estilo de vida consumista imperante nos hace creer que los recursos son ilimitados y siempre los tendremos a mano y nada más lejos de la realidad.
Estamos alcanzando los límites del planeta en cuanto a contaminación, agotamiento de materias primas y destrucción de hábitats y cuando llegue el día en el que los recursos sean insuficientes para la población, solo dependeremos de nuestras propias habilidades. Por ello es vital que adoptemos medidas sostenibles en todos los ámbitos de nuestra vida, el futuro del planeta y de sus habitantes pasa por un cambio en nuestro estilo de vida, todavía estamos a tiempo.

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TFM de Garbiñe Sancho: Tecnologías y prácticas sostenibles aplicables al caserío vasco

 

*Garbiñe Sancho ha realizado las prácticas del Máster Medio Ambiente y Sostenibilidad de la UPV/EHU junto con ISF-MGI.
Las opiniones de los autores del post no tienen por qué coincidir con el punto de vista de ISF-MGI.