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Reflexión sobre el FEMINISMO.

¿Qué es el feminismo? ¿Es preferible el empleo del término en singular o en plural? ¿Qué entraña cada uno de ellos? ¿Cuáles son las principales preocupaciones y retos? ¿Qué hay de utópico y qué hay de posible en ellos? ¿Qué tiene que ver el feminismo con la economía? De hecho, ¿qué es la economía? Estas y muchas otras preguntas surgieron en el tercer seminario. Preguntas que no aceptan respuestas cerradas porque en una realidad dinámica y que cambia a velocidad de vértigo el debate, la reflexión y la (auto)crítica en torno al movimiento y sus fines deben ser constantes. No obstante, trataré a continuación de poner en palabras el conjunto de ideas que para mí se desprenden de la sesión.

En primer lugar, el feminismo quedó definido como un movimiento social y político -no solo de mujeres y no solo para mujeres- que pretende la transformación hacia un sistema político, económico, social y cultural caracterizado por la igualdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.

Sin embargo, en el camino hacia ese fin, las tendencias ideológicas, propuestas y medios dentro del movimiento son muy variopintos. De ahí proviene el debate acerca del uso de la forma singular o de la forma plural del término. Las opiniones en este sentido fueron diversas, pero en mi opinión la colectividad y unión del movimiento en torno a una finalidad común está por encima de las diferencias. Y no solo eso, sino que creo que un feminismo sólido debe ser capaz de reconocer y aglutinar las diferencias (de clase, raza y sexualidad entre otras) y la diversidad entre mujeres de tal forma que la interseccionalidad deje de ser un concepto etéreo y se articulen los mecanismos necesarios para verlo traducido en la práctica.

En segundo lugar, hay que destacar que las preocupaciones y los focos de pensamiento acción feministas son muchos. Esto es así porque el sistema patriarcal atraviesa absolutamente todas las facetas del día a día y la cotidianidad de la vida de las personas. Pero, posiblemente, en un intento por jerarquizar los aspectos que interfieren en las relaciones de poder que están establecidas en la actualidad, la división sexual del trabajo cobra una importancia central. Y hablar de esto es hacerlo, necesariamente, de economía: una ciencia que es entendida en clave de capital, beneficio y funcionamiento del mercado; cuando en verdad debería concebirse en clave de satisfacción de necesidades biopsicosociales y sostenibilidad de la vida. Esta última es la que propone la economía feminista, pero analicemos un poco mejor las diferencias:

Debido al modelo de desarrollo y producción capitalista la idea de producción ha pasado de entenderse como la producción de bienes y servicios para satisfacer necesidades humanas a hacerlo como la producción como aquello que genera crecimiento económico. Por esto, hemos reducido el concepto de valor al de precio, valorando solamente el crecimiento económico y la creación de riqueza e infravalorando cosas esenciales para sostener la vida que no cuentan como riqueza. Nos hemos creído la idea de que el crecimiento económico es bueno incluso a costa del deterioro relacional y ecológico, separando economía y vida sin reparar en que mejoramos la primera a costa de empeorar la segunda.

Todo lo anterior ha derivado en un reduccionismo del concepto de trabajo al de empleo, valorando solamente el trabajo que se intercambia en la esfera mercantil e infravalorando el trabajo doméstico, de autoabastecimiento, voluntario, etc. Hemos hecho una división (estúpida) entre trabajo productivo y reproductivo ignorando el valor del segundo que es el que permite la plusvalía necesaria para dedicarse al primero. Pero es que además, en esta división entre la esfera privada y la esfera pública hemos realizado tan construcción social del sexo biológico que hemos atribuido roles de genero estancos que han asociado al hombre con la primera y a la mujer con la segunda.

Por ello, la economía feminista pretende: transformar el sistema económico, poner en valor la idea de interdependencia y potenciar la corresponsabilidad y la revalorización de las tareas de cuidados. En relación a lo primero: a) es necesario el decrecimiento económico porque el medio natural, garantía de nuestra supervivencia, no es capaz de seguir un ritmo de regeneración tan rápido como el que tenemos de consumo; y b) se debe garantizar la equidad en las oportunidades de acceso al mercado laboral -salarios, ámbitos, cargos, etc.- de tal forma que la igualdad que recogen las leyes en nuestros Estados democráticos se aplique en la práctica. En relación a lo segundo, destacar que toda persona es a su vez cuidadora y receptora de cuidados -propios y ajenos- a lo largo de la vida, aunque con mayor o menor intensidad bajo determinadas circunstancias. En relación a lo tercero: a) debemos como sociedad poner en valor aquellas acciones diarias, aquellos trabajos cotidianos, que permiten a las personas estar en unas condiciones físicas y psicológicas adecuadas para su rendimiento en los empleos; y b) se debe educar en la ruptura de los roles sociales establecidos y promocionar la responsabilidad compartida de las tareas de cuidados.

En tercer lugar, y para ir finalizando, me gustaría añadir una última opinión personal: El hombre no es el ideal. Quiero decir, en la transformación social que se pretende, la idea de que la figura del hombre, envuelto en el sistema capitalista supremacista blanco y cisheteropatriarcal, y sus derechos son el horizonte a alcanzar me parece erróneo en tanto que este representa la estructuración de relaciones de poder, subordinación y violencia que radican en diferentes ejes de desigualdad, que no se configuran como característicos de un sistema justo ni solidario. Por tanto, la igualdad real en la cual nadie quede en los márgenes por algún otro vector como la clase, la raza o la sexualidad, requiere de la construcción de un nuevo sistema de organización política, económica y social.

Por último, añadir la existencia de alternativas, no solo en el plano económico, que llevan toda esta reflexión teórica a la práctica desde la acción por y para el cambio, en y con la comunidad. Nombrar y agradecer a las que se nos presentaron: Pikara Magazine (activismo periodístico y democratización de la divulgación de contenidos feministas a través de la red), Plataforma_a (educación, visibilización y control de presupuestos por y para defender la presencia de las mujeres en el arte y la cultura) y Sorkin (acción para la visibilización de las mujeres en la ciencia y la contribución a ampliar el imaginario social acerca de las aptitudes, las capacidades y la presencia de las mujeres en diversos ámbitos tradicionalmente negados).

Saioa Laderas Cajide 18/10/2019

Educación para la Transformación Social

Artículo escrito por Leire Jauregi, estudiante del XX. Seminario de Desarrollo, Cooperación y Tecnologías para el Desarrollo Humano

A veces resulta difícil cuestionar este sistema en el que vivimos y tan asimilado tenemos, esta vez toca analizar más concretamente el ámbito de la educación con la ponente Amaia del Rio, equipo de educación de Hegoa.

Desde el momento en el que nos escolarizamos ya emprendemos nuestra etapa de aprendizaje académico que estará marcado por unas pautas muy concretas: estudia mucho y obtendrás buenos resultados para poder tener un buen trabajo, a poder ser de algo que te guste, con un alto cargo y ganarás mucho dinero, y así tu vida será más completa y feliz. Y si no vales para esto… buena suerte.

Este modelo de aprendizaje que se utiliza tanto en las escuelas como en las universidades, contribuye a la modernidad capitalista que tiene como características el progreso y el individualismo, que no hace más que aumentar las desigualdades en todo el mundo.

El progreso va muy ligado al desarrollo y, ¿qué es el desarrollo? La necesidad de crecer o expandirse, lo que a pesar de que conlleve un incremento del capital también traiga consigo otras muy malas consecuencias, como la desigualdad entre las personas o el gran impacto medioambiental.

También hacemos hincapié en las diversas crisis actuales. La crisis social, poniendo de principales protagonistas a las mujeres y la lucha feminista, la crisis climática, la crisis económica, la crisis política en la que describimos el sistema en el que vivimos como “una democracia de baja intensidad”, la crisis cultural que está muy ligada a la sociedad de consumo a la que estamos acostumbrados en la que consumir te da la felicidad, y por último la crisis del conocimiento científico, en la que se plantea la duda de si la ciencia es también una cuestión de política y el gran papel que desempeña la ciencia de occidente frente al resto de países.

Y si cuestionar todo esto es difícil mucho más será cambiarlo. Lo que está claro es que no podrá ser un proceso a corto plazo y que la receta no será fácil de encontrar, costará arduo trabajo a base de ensayos que hagan frente a lo dominante. Y a su vez es importante ir adquiriendo conocimientos y no solo del nuestro (occidente), si no también beber de las fuentes de sabiduría de otros países y culturas.