Crónica de Nuria Marín, compañera de ISF Euskadi.

Con esta pregunta empezábamos un viaje acompañados de Sofía Pacheco tratando de ver lo que cada una entendía como energía, intentando desmontar mitos e ideas preconcebidas y aterrizando (lo menos forzosamente posible) una idea más común y colectiva.

Sofía nos situó en una comunidad imaginaria donde construir un relato común en torno a la energía. Comenzamos con un personaje, al que tuvimos que poner nombre e historia y poco a poco se vio inmerso en las situaciones que nosotras quisimos. El objetivo, más allá de estar encasillado, fue dejar fluir nuestras ideas para ver de qué manera estamos influenciadas por nuestro propio contexto. 

Nuestro personaje, Juan, que vive en una comunidad donde de manera asamblearia se resuelven los conflictos que puedan existir en torno a la energía, se ve involucrado en un conflicto con su allegado Pedro, quien entiende la energía de una manera mucho más egoísta. Este conflicto termina por extenderse a toda la comunidad, dividiendo la misma entre la gente dispuesta a decrecer teniendo en cuenta su propio contexto y las circunstancias en las que los recursos naturales de la comunidad se encuentra, y la gente que prefiere seguir disfrutando de sus propias necesidades sin ver los problemas en conjunto. Por supuesto, los conflictos terminan por resolverse tras una conversación no violenta en la que Juan termina por convencer a Pedro y utópicamente todo termina siendo paz y armonía. 

Curiosamente, tras terminar el relato, pudimos reflexionar sobre las ideas que inconscientemente acabamos plasmando en este tipo de actividades. Nos dieron dos personajes y les asignamos un género. Les llamamos Juan y Pedro. Creamos un conflicto que inicialmente no existía para poder resolverlo después. La historia terminó con todo el mundo siendo feliz y comiendo perdices. Al menos pudimos rescatar desde nuestros respectivos activismos la idea de las decisiones asamblearias.

Sofía nos contaba lo diferente que había sido esa actividad en comparación con las veces que la había realizado en Latinoamérica. ¿Hasta qué punto nos dejamos llevar por nuestro contexto y éste reabsorbe las ideas que generamos fuera, en los márgenes? ¿Generamos los suficientes espacios para reflexionar sobre ello? ¿Tenemos un enfoque propio de lo que queremos que sea la transición energética o impuesto inconscientemente? 

Habrá que seguir dándole vueltas.