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SOBERANÍA TECNOLÓGICA

Artículo de Thalia Sobrón

En la sesión  sobre soberanía digital de  la jornada del 27 de noviembre, tuvimos el placer de contar con la presencia de Ondiz Zarraga.

Comenzó la sesión planteándonos varias preguntas: ¿En nuestro día a día cuánta tecnología utilizamos? ¿Cuánto duran los aparatos que usamos? ¿Dónde y quién los produce? ¿De quién son las aplicaciones que usamos? ¿Qué información recogen y para qué la usan? Inmediatamente nos dimos cuenta de que son cuestiones que no nos planteamos, o por lo menos no lo suficiente. Entramos en la rueda y simplemente compramos y usamos tecnología constantemente sin saber de dónde viene, ni qué consecuencias puede tener, ni si tenemos  alternativas.

En términos generales podemos decir que la tecnología está basada, en gran parte,  en la explotación, tanto de los trabajadores que la producen como de nosotros mismos, explotando nuestros datos personales y obligándonos a comprar sin parar. A nivel producción, muchos de los materiales que se utilizan provienen de zonas en conflicto, de minas explotadas por esclavos o de fábricas en las  que los trabajadores sufren condiciones laborales más que cuestionables y con muy pocos derechos. Además, el consumo energético del sector de las tecnologías de la información es brutal. Me llamó mucho la atención un dato que destacó Ondiz de un informe de Green Peace sobre este tema: “si internet fuera un país, sería el sexto país del mundo con mayor consumo energético”.

En este punto iniciamos un par de debates por grupos, en mi caso hablamos sobre cómo debería ser el HW que utilizamos. Hablamos de que nos obligan a tirar aparatos totalmente funcionales por obsolescencia y falta de soporte de los programas o de los fabricantes. O simplemente por ser irreparables por no poder siquiera abrirse sin romperse. Además, que para poder ser reciclables, deberían estar fabricados con menos materiales para favorecer la separación de los mismos. Estuvimos todos de acuerdo en que deberían ser aparatos duraderos, reparables y reciclables para evitar la acumulación de residuos. Y además, que deberían estar fabricados de manera justa y  lo más cerca posible para evitar la explotación y cuidar el entorno. Con esto llegamos a la conclusión de que también debemos cambiar nuestras expectativas de precios. No podemos pretender pagar poco por un móvil de última generación y que además sea justo y sostenible.

Después pasamos a las aplicaciones SW que usamos y a las redes sociales. De  nuevo nos dimos cuenta de que utilizamos un sinfín de aplicaciones y herramientas de las que sabemos poco o nada. Nos espían, venden nuestros datos, nos bombardean con publicidad  personalizada que incita al consumo, pueden experimentar con nuestro comportamiento, dirigirnos a ciertas lecturas o temas… En definitiva, nos manipulan y nosotros lo permitimos.

Volvimos a abrir un debate, esta vez sobre cómo deberían ser las redes sociales y las aplicaciones SW. De nuevo estuvimos de acuerdo: software libre, sin venta de datos, estándar, fácil de usar, transparente, sostenible… En este punto, Ondiz nos habló de algunas alternativas de redes sociales, de buscadores, de servidores de correo electrónico que muchos ni siquiera conocíamos. Ante esto se comentó que no suelen ser tan eficientes  como las que usamos habitualmente,, lo que es normal porque la inversión es mucho menor en ellas. Si las usáramos más, se podría invertir más en su desarrollo.

Resumiendo, la sesión nos hizo plantearnos qué estamos haciendo y abrirnos a alternativas que no conocíamos. Es un tema que todos deberíamos tener en cuenta y del que nos deberíamos hacer porque las consecuencias también son nuestra responsabilidad.