El profundo deterioro de Osakidetza es evidente y no se trata únicamente de una percepción. La desinversión –especialmente en atención primaria y servicios de salud pública–, las listas de espera, la precarización y temporalidad laboral, especialmente en los sectores feminizados relacionados con los trabajos de cuidados de la vida , la lesión sobre el derecho a la salud, y las crecientes asimetrías de clase, raza y género en el acceso al sistemas son una realidad.
La captura corporativa es parte fundamental de ese diagnóstico. La falta de inversión pública, los conciertos sociosanitarios, las subcontrataciones de servicios generales, los empleos públicos privatizados, los seguros privados y puertas giratorias son hoy ejemplo de ello. La inversión en Osakidetza se ha estancado (los fondos disponibles por Osakidetza únicamente crecen en 7 millones, un 0,1% del total, en términos de personal, la subida para 2025 es de 24 millones, lo que supone un 0,9%), las listas de espera de primera visita para especialista crecen (24.179 personas en 2021 a 69.532 en 2023), la población en espera quirúrgica igual (18.357 en 2019 a 24.333 en 2023). En 2024 a conciertos sanitarios ascendió a 249.695.724 €, lo que supone un 5,10% del gasto total del Departamento de Salud, incrementándose en un 9,1% respecto al año 2023. No obstante, informaciones periodísticas elevan esa cifra a 299,8 millones, suponiendo un aumento del 11,5% respecto al año anterior y un 6,12% del total del presupuesto. A estas cifras habría que sumarle 6,49 millones de euros en conciertos
sociosanitarios. La externalización de servicios y tareas no se limita al ámbito sociosanitario, sino que se expande también a toda una serie amplia de servicios generales como limpieza, ambulancias, restauración, seguridad, mantenimiento, electromedicina, lavandería, consultoría, servicios digitales, etc. El modelo público-privado que se impulsa, en términos generales, suele venir acompañado de pérdidas en la calidad de los servicios.
La contracara del estancamiento en la inversión pública y del crecimiento de las externalizaciones es el aumento en el número y volumen de gasto en seguros privados reservados para aquellos y aquellas personas que se lo pueden permitir. La cifra de personas que en la CAV cuentan con algún tipo de seguro privado supera las 525.000 personas, a datos de 2023. Y qué decir de las puertas giratorias, este fenómeno, es absolutamente habitual en el sistema vasco de salud que las y los consejeros y viceconsejeros del departamento fluyan hacia puestos directivos del poder corporativo vasco de salud como Keralty, Quirón o IMQ entre otros.
Por todo esto, exigimos:
• Incrementar notablemente la inversión pública en materia de salud.
• Acotar las externalizaciones dentro de un horizonte a medio plazo.
• Mejorar la estabilidad laboral y salarial del personal de la sanidad pública.
• Prohibir la compatibilidad de empleo público y privado para los jefes de servicio.
• Evitar las puertas giratorias mediante un control riguroso de los conflictos de intereses.
• Impulsar, en última instancia, cambios legislativos a todos los niveles que reviertan la captura
corporativa actual y defiendan un sistema de salud de propiedad, control y gestión
fundamentalmente públicos.
¡NO A LA PRIVATIZACIÓN DE OSAKIDETZA¡NO A LA PRIVATIZACIÓN DE OSAKIDETZA!