La sesión impartida por Joseba Sainz de Murieta fue una excelente introducción a muchos de los temas que vertebrarán el seminario a lo largo de las próximas semanas. Más allá de presentar conceptos y marcos teóricos, la ponencia nos invitó a cuestionar algunas ideas profundamente arraigadas sobre la ciencia y la tecnología, planteando una reflexión crítica sobre cómo queremos construir de nuestras sociedades y en los retos ecosociales a los que nos enfrentamos.
La sesión comenzó mostrando algunas de las grandes contradicciones del mundo actual. A pesar de los enormes avances científicos y tecnológicos de las últimas décadas, millones de personas siguen sin acceso a servicios básicos como el agua potable, el saneamiento, la electricidad o una vivienda digna. Al mismo tiempo, se puso de manifiesto cómo gran parte del poder económico mundial se concentra precisamente en torno al sector tecnológico. Estos datos sirvieron para contextualizar una pregunta fundamental que estuvo presente durante toda la sesión: ¿para quién se desarrollan la ciencia y la tecnología y a quién benefician realmente?
A partir de ahí, se abordaron diferentes ejemplos que evidencian que la tecnología no puede entenderse como algo neutral o ajeno a las dinámicas sociales, económicas y políticas. Se habló del papel de la investigación científica en ámbitos como la industria militar, de los impactos ambientales derivados de la producción y gestión de residuos electrónicos o de las desigualdades de género que aún persisten en los sistemas de ciencia y tecnología. Todos estos casos mostraron cómo las decisiones tecnológicas generan consecuencias que van mucho más allá de los aspectos puramente técnicos.
Uno de los ejemplos más interesantes fue el análisis del desarrollo de las energías renovables. Aunque suelen presentarse como una solución imprescindible frente a la crisis climática, se expuso cómo determinados modelos de implantación pueden reproducir problemas relacionados con la concentración empresarial, los impactos territoriales o la escasa participación de las comunidades locales. Frente a ello, se presentaron también alternativas y experiencias que buscan formas más democráticas, justas y participativas de impulsar la transición energética.
La ponencia profundizó además en la evolución de los conceptos de ciencia y tecnología. Frente a la visión clásica que entiende la ciencia como un conjunto objetivo y neutral de conocimientos, se presentó el enfoque de Tecnologías para la Transición Ecosocial, que destaca cómo los avances científicos están condicionados por factores culturales, económicos, políticos y sociales. Desde esta perspectiva, la tecnología deja de verse únicamente como una herramienta para convertirse en parte de sistemas socio-técnicos complejos donde interactúan valores, intereses, conocimientos y relaciones de poder.
En este recorrido histórico también se repasó la evolución de distintas corrientes vinculadas al desarrollo y la cooperación, desde las “tecnologías apropiadas” de los años sesenta hasta los enfoques actuales de “tecnologías para la transición ecosocial”. Todas ellas comparten la preocupación por poner las necesidades humanas y la sostenibilidad de la vida en el centro, promoviendo soluciones adaptadas a cada contexto, respetuosas con el medio ambiente y construidas con la participación de las comunidades.
En la parte final se presentaron algunos ejemplos inspiradores de iniciativas basadas en el conocimiento abierto, la colaboración y la participación social, que demuestran que existen otras formas de desarrollar y utilizar la tecnología.
Personalmente, considero que esta sesión fue especialmente valiosa porque permitió contextualizar de manera muy clara el conjunto del seminario y nos permitió comprender mejor el enfoque crítico que acompañará el resto de sesiones Más que ofrecer respuestas cerradas, nos proporcionó preguntas y herramientas para analizar críticamente muchos de los temas que iremos abordando en las próximas sesiones. Nos ayudó a comprender que los desafíos ecosociales actuales no pueden afrontarse únicamente mediante innovaciones técnicas, sino que requieren también reflexionar sobre los valores, intereses y modelos de sociedad que hay detrás de dichas innovaciones.
Al mismo tiempo, la sesión transmitió un mensaje esperanzador al mostrar diversas iniciativas que demuestran que es posible desarrollar y utilizar la tecnología desde enfoques más democráticos, sostenibles y orientados al bien común. Conocimos experiencias como Practical Action, centrada en tecnologías apropiadas para mejorar las condiciones de vida de comunidades vulnerables; EHAS, que emplea las telecomunicaciones para facilitar el acceso a servicios de salud en zonas aisladas; Open Source Ecology, que promueve el diseño abierto y compartido de herramientas y maquinaria; Wikitoki Bilbao, un laboratorio ciudadano basado en la colaboración y la creación colectiva; y Open Maker Bilbao, que trabaja en la autoproducción. Estos ejemplos ayudaron a visualizar que ya existen alternativas reales que buscan poner la tecnología al servicio de las personas, la participación comunitaria y la sostenibilidad de la vida.
