Crónica por Arantza Enríquez Vidal
La segunda sesión del viernes 16 de octubre, titulada “Solidaridad internacional: estrategias, luchas y resistencias”, estuvo guiada por Flora Pozzobon. La sesión, desde una mirada decolonial, feminista y antirracista, estuvo marcada por varias preguntas: “¿quién toma las decisiones?”, “¿cómo podemos pensar de otra manera?” y “¿cómo podemos actuar o arañar de otra manera?”.
Estas preguntas se planteaban en relación con los poderes políticos y corporativos que ponen el negocio por delante de la vida y que marcan en gran medida la dirección del planeta, en tanto poseen un enorme control sobre bienes y servicios básicos que todas/es/os necesitamos, como los alimentos, la vivienda, la energía o el transporte. Además, con ayuda de los medios de comunicación, la publicidad y las redes sociales, generan imaginarios de consumo, patriarcales, racistas y clasistas, que contribuyen a crear estilos de vida y narrativas que producen y reproducen desigualdades.
El reparto diferencial de las posibilidades de vivir dignamente está relacionado con factores como la nacionalidad o el lugar de procedencia, el color de piel, el género, la religión, la clase social, la orientación sexual, la identidad de género, la discapacidad o la situación migratoria, entre otros.

Una de las problemáticas que se planteó fue que muchas veces pensamos que es imposible luchar contra estos poderes, casi como si se tratara de David contra Goliat, tanto por la enorme diferencia de tamaño, control y poder como por la opacidad respecto a quién está detrás de determinadas decisiones. Flora comentó la importancia de poner cara a las grandes empresas y marcas que sostienen este statu quo de desigualdad: señalar quiénes son, cómo actúan y qué relaciones mantienen. Aparecieron ejemplos como Bayer, Monsanto, Carrefour o CAF. En este sentido, se hizo hincapié en la importancia del señalamiento público, el boicot y otras formas de presión social.
También se habló de cómo el capitalismo se aprovecha de las guerras, no solo durante la destrucción, sino también a través del negocio posterior de la reconstrucción. Apareció aquí la expresión “economía criminal” y, de nuevo, la pregunta: “¿quién toma estas decisiones?”. Destruir y reconstruir territorios como si se tratara de un juego de mesa, casi como el Monopoly. Hablamos del genocidio de Gaza y de la posibilidad de convertir la destrucción en un futuro negocio inmobiliario. Vimos la diapositiva “Reimagining Gaza: 10 Mega Projects”.
Hablamos también de Honduras y de las problemáticas que afectan al pueblo garífuna. Vimos una entrevista publicada en El Salto a Rony Castillo Güity sobre el conflicto generado por la realización del programa español Supervivientes en Cayos Cochinos, territorio ancestral garífuna. Se habló asimismo de hoteles, monocultivos y otras formas de intervención en un territorio que no es únicamente el lugar donde viven, sino que se trata de un territorio sagrado para estas comunidades.
La cuestión de la tierra atravesó buena parte de la sesión. Nombramos el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil y apareció la pregunta “¿para qué sirve la tierra?”. También se mencionaron la “Marcha de las Margaritas”, Berta Cáceres, Julia Chuñil y el caso de Frontex.
Otra pregunta relevante fue: “¿cómo pueden vincularse los movimientos sociales y las luchas?”, especialmente cuando una de las estrategias de los poderes fácticos consiste precisamente en impedir que estrechen lazos y que se genere un tejido común. Como ejemplo de solidaridad desde abajo vimos a “Las Patronas” de Veracruz, mujeres que preparan y entregan comida y agua a las personas migrantes que viajan en el tren conocido como “La Bestia”. Flora nos habló también de mujeres parteras en la frontera de México.
Una de las ideas que me parecieron importantes fue recalcar que la migración también se organiza y que, gracias a la coordinación, la cooperación y el colectivismo, se crean redes capaces de proporcionar alimento, salud, albergue y abrigo a quienes migran. Se ayudan entre todas/es/os.
Esta idea aterrizó también en el País Vasco con el ejemplo de Basoa, Casa de las Defensoras, un espacio de acogida para mujeres defensoras del territorio y de los derechos humanos amenazadas o perseguidas. Hablamos asimismo de los estibadores, de la potencia de las huelgas como herramienta de presión y de la campaña “Jaque Mate”, relacionada con la exigencia de responsabilidades a las empresas transnacionales.
Ya hacia el final apareció de nuevo la pregunta: “Y nosotras, ¿qué podemos hacer?”. Se reafirmó la importancia de señalar, poner cara, informar y ejercer presión social. Aparecieron también las siglas BDS: Boicot, Desinversión y Sanciones.
Finalmente hubo un diálogo entre las asistentes. Se puso de relieve que el cambio climático “llegó” mucho antes a otros lugares que a Europa debido a las desigualdades, al despojo y al reparto diferencial de las comodidades y oportunidades. La idea de que “el cambio climático llega antes a una favela que a mi casa” resume bien esta cuestión.
Surgió entonces la importancia de preguntarnos en qué sentido somos privilegiadas y en qué sentido somos oprimidas, puesto que no son categorías aisladas. Quizá —y esta es solo mi reflexión personal tras la charla— reconocer que podemos ser privilegiadas en unos ejes —por ejemplo, por vivir en lugares donde hemos sentido mucho más tarde los efectos del cambio climático— y oprimidas en otros —como mujeres, por ejemplo— puede favorecer la empatía y la alianza, y convertirse también en una fuente de resistencia.
